Federico García Moliner recibió el premio “Príncipe de Asturias” de Investigación Científica y Técnica por su excelente labor en el ámbito de la física. Es uno de los grandes científicos españoles de nuestro tiempo y, sin embargo, escuchándole hablar, nada haría pensar que se trata de un personaje ilustre.Ataviado con una casi pintoresca pajarita y una amplia sonrisa, Moliner acudió no sólo a dar su conferencia, sino también a presenciar el resto, en las que participó con gran interés interviniendo en la ronda de preguntas y no dudando en ceder el turno de palabra a los estudiantes, a pesar de que los organizadores le dieran primacía a él sobre el resto. Contar esto no es baladí, ya que es síntoma de su carácter humano y en eso se centraban las jornadas.
Simplemente el comienzo de su conferencia mereció un fuerte aplauso: “ Se preguntarán ustedes cómo se hace ciencia… Pues bien, para que lo entiendan leeré a Ana María Matute”. Y nos leyó la descripción que del proceso de escritura hace Ana María Matute. Para aquellos que no nos hemos acercado a las ciencias más que en la Educación Secundaria, escuchar tan exquisita comparación entre la ciencia y la escritura fue un absoluto disfrute. “Hay mucha belleza en la ciencia”, nos dijo, y sin duda pudo transmitirlo así.
Su defensa de la cultura se basa en la importancia que ésta tiene en tanto que “condiciona la forma en que usamos el cerebro”. Nuestro limitado concepto de la misma nos imposibilita para un mayor desarrollo intelectual y personal, ya que nos empeñamos en “diferenciar radicalmente cultura y mundo material, cultura y ciencia, cuando ambas son la misma cosa o, dicho de otro modo, son realidades coexistentes e interrelacionadas”.
“El artista y el científico son tan parecidos…”, nos contaba, “ambos buscan dar una explicación al mundo y transmitirla”. Preciosa forma de entender ciencia y arte, belleza e ideas. Quizás Moliner pensaba en el Gernika o en la estructura de los fractales cuando afirmó: “En el arte no sólo hay belleza, también hay ideas profundas; y en la ciencia no sólo hay ideas profundas, también hay cabida para la belleza”.
Sara Domínguez Martín
Nicolás Sartorius es abogado y periodista de profesión, pero si por algo se le conoce es por su lucha por la libertad durante la Dictadura de Franco. Fue fundador del Sindicato de Comisiones Obreras (asociado al Partido Comunista) pero ya no se dedica a la política, aunque a su manera, desde otro banquillo diferente, sigue poniendo su granito de arena en la defensa de las mejoras sociales.
Emilio Lledó Iñigo nació en Sevilla hace ya 81 años, pero se mantiene joven. Este filósofo es, quizás por encima de todo, un amante del lenguaje; mide y degusta cada palabra y consigue que quienes le escuchan disfruten de su discurso como del mejor de los platos. Y no porque sea un lenguaje complejo y poético, sino todo lo contrario, por la precisión y naturalidad con la que expresa las ideas más abstractas. Es uno de esos buenos ejemplos que corroboran que no es cierto que alguien sepa más cuanto menos se le entiende.
Si el mundo se dividiera en “corderos y luchadores”,
En medio de una lluvia de aplausos sube al escenario una anciana guapa, cuidada y pequeñita. Es
Hoy, como en todos los “hoy” de la Historia, nos preguntamos incesantemente “¿Qué cabe esperar?”. Esta pregunta kantiana es posiblemente una de esas cuestiones que han acompañado al hombre desde sus inicios. Y no se trata sólo de una pregunta metafísica, es también una cuestión terrenal, cotidiana; una duda que abarca desde los grandes enigmas del Universo hasta el resultado de cada una de nuestras acciones individuales.
El ECTS (European Credit Transfer System) se adoptó en 1989, en el marco del programa Erasmus, y su aprobación en nuestro país está establecida en el
Como muchos han alegado, unificar la “Universidad Europea” (concepto a día de hoy bastante abstracto), se presenta como un problema a iguales partes necesario y complejo. ¿Por qué? Pues curiosamente ambas cosas por el mismo motivo: Nada tiene que ver el modelo de universidad italiano con el francés o el inglés. Este último, que es el que en este caso nos ocupa, es un modelo basado en la práctica. La regla general del sistema inglés consta de dos ciclos con carreras universitarias de tres años, muy similar a lo que propone el Proceso de Bolonia, sin embargo, este modelo no ha dado muy buenos resultados en los últimos años, lo que se puede entender como una clara predicción de lo que supondrá el nuevo Espacio Europeo de Educación Superior (EEES).