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Sevilla Babel

Una ventana al sur de Europa

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Piezas sueltas

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Wednesday, April 9 2008

¡Quien convierte, no se divierte!

Vivir en Europa no es tarea fácil para quien gana su dinero en monedas muy débiles frente al euro y, además, para quien vive en países donde el coste de vida es (¡muy!) barato comparado al de países europeos. Quien más suele sufrir este problema son los estudiantes de Latinoamérica, como es mi caso (soy brasileña) y el de miles de personas. Para quien no lo sepa, la moneda brasileña es el Real, que equivale aproximadamente a 0,38 euros. O sea, para comprar 1 euro son necesarios 2,57 “reais”.

euro_notes.jpg¿Qué se puede hacer con 2,57 reais en Brasil? O mejor, ¿con 1 euro? Bueno, para empezar, el comedor universitario de la universidad pública de mi región (Santa Catarina) cuesta 1,50 reais (0,58 euros). Todavía te quedan 1,07 reais (ó 0,42 euros) con los que te puedes tomar un helado de postre o hacer 20 páginas de fotocopias en la copistería de la universidad. Parece un sueño, ¿no? Pues si puedes gastar un poco más, existe la posibilidad de comer a la orilla del mar en un de los mejores restaurantes de la playa más famosa y agitada del sur de Brasil (Balneário Camboriú) por 30 reais (¡como mucho!), o sea, aproximadamente 11,70 euros.
¿Te parece barato? Pues no lo parece, realmente lo es. Sin embargo, para las personas que trabajan allí y que ganan en reais, comer a la orilla del mar es todo un privilegio (a menos que trabajes mucho durante el año para ahorrar el dinero de las vacaciones…), pero para quien llega con sus ricos euros, es como estar en el paraíso. Ahora, imagínate lo que ocurre con un estudiante que viene de Brasil y paga 6,50 euros en una copa en alguna discoteca de Sevilla. Simplemente se vuelve loco cuando imagina todo lo que haría en Brasil con estos 16,70 reais. Bueno, podría ir 4 veces al cine (presentando su tarjeta de estudiante) y todavía le quedarían 2,70 reais para dos paquetes pequeños de palomitas.

Bueno, no voy a ser injusta. No todas las discotecas de Sevilla cobran 6,50 euros la copa, ¿verdad? ¡Hay también las que cobran 8,50 euros la copa! Sí, eso realmente duele en el bolsillo de un extranjero. Estos 21,84 reais pagan 3 almuerzos míos en el restaurante en el que suelo comer todos los días en Brasil (¡con postre y refresco/zumo/cerveza incluso!). ¡Vaya tela! Paso del tema comida para algo más amplio. Hablemos de vivienda.
Ya me han dicho que la vivienda en Sevilla no es cara comparada a Madrid, Barcelona, Milán o Roma, por ejemplo. Veamos, compartir un piso cerca de la Catedral con 3 personas más, cuesta aproximadamente 300 euros (771 reais). Con estos mismos 300 euros, en la misma playa que he comentado antes, alquilo un piso de 2 (¡o hasta 3!) habitaciones, amueblado, con teléfono fijo, Internet banda ancha, con comunidad incluida y con otro detalle: ¡todo ello sólo para mí! Como nadie suele alquilar algo así todo para sí mismo, se comparte. Supongamos que dos personas compartan un piso así, todavía queda 385,5 reais (150 euros) para gastar durante el mes. Bueno, se puede comer 64 veces en el restaurante “diario” que comenté antes (o tres veces a la orilla del mar), o comprar dos vaqueros nuevos, o dos pares de zapatillas de deporte nuevas (¡y buenas!), o tres nuevos perfumes importados, o pagar el transporte para la universidad durante siete meses, o simplemente hacer la compra del mes en el supermercado y todavía sobrarían aproximadamente 150 reais para la compra del próximo mes. Las opciones son muchas…

Son por estos y otros motivos que cuando gasto seis euros en el cine, 6,50 euros en una copa, 300 euros de alquiler, 30 euros al mes en transporte, casi 40 euros en la compra de la semana, 35 euros al mes con Internet y algunos otros gastos “obligatorios”, no pienso cuánto sería esto en reais. Quien está en Europa tiene que aprovechar y ha venido ya con la idea de que iba a gastar más. Prefiero pensar en euros, porque si convierto… ¡no me divierto!

Gabriela Azevedo Forlin

Sunday, November 4 2007

El niño con el pijama de rayas

Siempre es sorprendente descubrir una nueva visión de algo que ya conocemos. ¿Quién no ha leído algún libro sobre los campos de concentración nazis? ¿o visto alguna película o documental? ¿o incluso estudiado a fondo el tema? Por eso resulta aún más increíble toparse con una perspectiva oxigenada de esa misma realidad.
Boy_20Spain.jpg
Mi primer encuentro con este libro (en su versión española) fue en la mesa de novedades de una librería cualquiera, mientras daba un rutinario paseo en busca de alguna portada que me saltara a la vista. Ésta lo consiguió, sin duda. Desde lejos sólo pude ver las rayas azulonas, sencillas. Cuando me acerqué y vi el título pensé que tenía que leerlo, sin falta. Le di la vuelta al libro, deseosa de saciar mis dudas sobre su contenido, pero lo único que conseguí fue avivarlas aún más. Salí de la tienda sin él por falta de monetario.
Unos días después alguien comentaba en una tertulia de la radio la exquisita sencillez de El niño con el pijama de rayas. Pensé que aquel libro me estaba buscando, así que en cuanto pude lo compré, algo temerosa de que me decepcionara después de tanta espera.
Puedo decir sin lugar a equivocarme que el libro me ha absorbido por completo. Hacía mucho tiempo que no leía mientras andaba por la calle de un lugar a otro y me he visto obligada a descubrir nuevas formas de leer en lugares en los que nunca lo había hecho con tal de seguir conociendo a Bruno.
No diré mucho más sobre el argumento porque la magia está en ir descubriendo. Sólo que hacía tiempo que no era partícipe de una visión tan ingenua y dulce, a la vez que terriblemente cruda, de la realidad. Recuerda a “La vida es bella”, pero enseguida te llevas una sorpresa al intentar relacionar a Bruno con Josué, porque son todo “lo contrario” o quizás no, quizás no…

Para más información, John Boyne tiene una página web oficial en inglés en la que podéis encontrar desde su biografía a artículos y relatos breves completos.
El niño del pijama a rayas es una de las últimas obras de este escritor Irlandés y ha sido publicada en diferentes idiomas en muy diversos países, desde Australia a China pasando por Israel, Brasil o Italia, entre otros muchos. En España ha sido editado por Salamandra este mismo año.
Aunque las portadas se repiten en la mayoría de las ediciones, en Australia y Reino Unido han optado por poner una imagen diferente que, en mi opinión, resta parte del encantador misterio a la obra.
Miramax/Disney ya se ha encargado de realizar un largometraje basado en el libro bajo la dirección de Mark Herman, aún no se ha estrenado en España. Esperemos que no sea un sacrificio de esta preciosa historia.

Sara Domínguez Martín

El orfanato

Desde el 11 de octubre podemos disfrutar en los cines de Sevilla de la tan esperada ópera prima de Juan Antonio Bayona producida por Guillermo del Toro, El orfanato. Candidata a los Óscar en representación de España, esta película ha sido nombrada y renombrada durante los últimos meses (y no tan últimos).
Personalmente Belén Rueda no se encuentra ni de lejos entre mis actrices favoritas, pero a pesar de El_orfanato.jpgello debo decir en su favor (y para tranquilidad de aquellos a los que tampoco les guste) que hace un papel increíble en la película, parece escrito para ella, aunque al principio uno crea que va a prepararle el desayuno a los Serrano (para quienes no residáis en España, “Los Serrano” es una serie de televisión sobre una familia donde Belén Rueda es la madre).
Por ahora la película ha abierto el Festival de Sitges, aunque esperemos que pase por más de un festival europeo.

La película da miedo, bastante miedo… uno se siente compañero de viaje del resto de las personas que ven la película junto a ti en la misma sala, cosa que, debo decir, nunca me había ocurrido. Un grito de alguien en una escena llega a levantar comentarios en la otra punta de la sala, risas respetuosas, como respuesta armoniosa a su miedo. Si os han dicho que la película no da sustos no lo creáis, sustos hay. Lo que sí es cierto es que ni mucho menos es lo más significativo de la película. Miedo sencillo, poético incluso, suave (y no por ello menos tenebroso) son sólo un par de pinceladas “desagradables”. La tierna mirada de Simón, como la de cualquier niño, es el hilo conductor de la historia, no lo pedáis de vista.

Un pequeño consejo: leed Peter Pan antes de ver la película, muchos conoceréis la historia, pero el libro merece la lectura y los guiños de la cinta a la historia de Peter Pan ganan encanto si se ha leído.


Sara Domínguez Martín