El año 2007 deja al cine europeo huérfano con la muerte de dos de sus más grandes figuras: Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni. El cine introspectivo y personal de estos dos autores es una referencia obligatoria para los nuevos directores. En la actualidad, la sociedad padece una crisis referencial a todos los niveles que ha sido inevitable con el efecto de la globalización. Y esa crisis está reflejada en el cine porque el cine siempre ha sido un espejo en el que nos hemos mirado para saber cómo somos. Un festival de cine europeo como el de Sevilla es, por lo tanto, un conjunto de reflejos que nos permiten descubrir qué es eso que llamamos Europa. Miles de ciudadanos de diferentes nacionalidades han tenido la oportunidad de conocerse mejor yendo al cine durante nueve días, porque conociendo y entendiendo cada cultura, y siendo partícipe de la diversidad cultural del continente europeo es el único modo de que los propios europeos hagamos fuerte y poderoso el cine europeo.
¿Existen elementos comunes entre las distintas cinematografías europeas? ¿Una película húngara es entendida en España? ¿Una película española es entendida en Hungría? En un mundo en el que todo se mide en términos mercantiles debemos preguntarnos si los países europeos crean productos audiovisuales ‘comercializables’ en el resto del continente. Programas como el MEDIA y el Eurimages vienen desde hace años intentando que los ciudadanos europeos vean su cine, que, a menudo, está eclipsado por el norteamericano. La historia universal del cine atestigua que nunca ha habido un cine europeo homogéneo sino autores que por su cine personal y, a veces arriesgado, han conseguido destacar. Y es bueno que no se haya producido una homogeneización a favor de la riqueza cultural de cada país, pero hay que ser conscientes de que es posible encontrar la fórmula para que los productos audiovisuales de los países europeos sean válidos fuera de sus propias fronteras. Sevilla Festival de Cine Europeo es un buen modo de darse cuenta de que a pesar de las numerosas diferencias, las cinematografías europeas no son tan diferentes. La barrera idiomática es un problema menor.
Una edición cargada de sorpresas
Con una Sección Oficial cargada de directores tan reconocidos como Volker Schlöndorff, Claude Chabrol, Ken Loach, Alexander Sokurov, Jacques Rivette, Jirí Menzel o Fatih Akin, se predecía un alto nivel de las cintas presentadas en esta tercera edición. Sin embargo, ni Chabrol ni Loach, por ejemplo, han convencido a un público que ha disfrutado mucho descubriendo el cine joven y fresco de Eran Kolirin (The band´s visit), Eytan Fox (The Bubble) o Joachim Trear (Reprise). Quizás sea porque son de las pocas películas que consiguen despegarse de un amargado tono de lamento. Y es que el hecho es que los países europeos no dejan de reprocharse las miserias de su propia historia. Hay películas que son críticas necesarias y justas. A veces, el cineasta sólo quiere mostrar su lamento y su resignación y, en otros casos, el cine sirve para afrontar los problemas con humor. Sin embargo, es indiscutible que la mayoría de los cineastas europeos sienten la necesidad de mirar constantemente al pasado para así entender el presente. Las cinematografías de algunos países europeos reconocen con tono triste que el trauma que ha provocado la absurda historia reciente aún les afecta.
Destacamos…
IT´S A FREE WORLD. La nueva película de Ken Loach ha conseguido hacerse con el máximo premio del festival, el Giraldillo de Oro, aunque para la mayoría del público y de la crítica, Loach vuelve a decepcionar. Esta vez presenta una crítica a las mafias que dan trabajo a inmigrantes ilegales y se aprovechan de ellos.
REPRISE. El primer largometraje del noruego Joachim Traer, ‘Reprise’ es un ágil relato sobre las experiencias de dos jóvenes escritores que cuenta con un magnífico guión. Un gran ejercicio de cine ágil, moderno y fresco.
EL HOMBRE DE LONDRES. La esperada adaptación de la novela de Georges Simenon ‘El hombre de Londres’ de Béla Tarr, que fue presentada en la última edición de Cannes, ha servido de excusa para que este controvertido director húngaro se reencuentre con el público sevillano. En esta coproducción de Hungría, Francia y Alemania, Tarr, homenajeado en esta edición del festival, se mantiene fiel a su estilo lento y minucioso y nos propone una historia sobre cómo un hecho casual puede cambiar por completo la vida de una persona.
DU LEVANDE. Su estética expresionista es perfecta para este conjunto de historias sobre las pequeñas miserias de la vida cotidiana de sus personajes. Una fábula sobre el valor de la vida y de lo importante que es intentar ser feliz. Esta cinta, candidata a los Oscar por Suecia, le ha valido a su director, el sueco Roy Andersson, compartir el Premio de la Crítica con el alemán Akin (por ‘Al otro lado’). Un final asombroso e impactante hacen de esta película, muy divertida en algunos momentos, un excelente ejercicio de cine.
IRINA PALM. La típica película amable que conquista al público. Ese no es motivo de reproche, pero sí que lo consiga a través de recursos fáciles y con un desarrollo tan convencional como predecible. La película, sin embargo, muestra a una Marianne Faithfull inmensa que hace que el espectador se crea la historia y salga de la sala con cara de felicidad.
AL OTRO LADO. Fatih Akin regresa con una película de historias cruzadas cuyos personajes se relacionan gracias a un nexo común; al estilo de Babel del mexicano González Iñárritu. A través de las experiencias de una activista política turca que es perseguida en su país Akin propone una reflexión sobre si Turquía está preparada para pertenecer a la Unión Europea. Se hizo con el Premio de la Crítica.
ULZHAN. El veterano Volver Schlöndorff regresa con una película rodada en Kazajistán. La historia relata con tono metafísico cómo un francés viaja por Kazajistán para encontrar respuestas o para encontrar la muerte. En su camino se cruza una joven profesora kazajo que le acompaña. Una película diferente, calmada y reflexiva en la que se plantea un viaje al espectador (que acepta encantado la propuesta).
I SERVED THE KING OF ENGLAND. El checo Jirí Menzel, que a lo largo de su trayectoria ha dejado tan buenas muestras de humor inteligente y tan lúcidos análisis sobre la historia reciente de la República Checa, demuestra que sigue en buena forma. En esta película se vale de un personaje, un entrañable camarero, protagonizado por Ivan Barnev, que persigue un sueño: ser millonario. Divertida y muy bien dirigida por el gran Menzel.
Emilio Gómez Barranco
Fotografías: Lolo Vasco (fotógrafo oficial del Sevilla Festival de Cine Europeo)
suicidio de su novio, y vuelve por unas semanas al hogar de su infancia. En ese tiempo la historia muestra como para que resucite nuestro protagonista no solo va a tener que reconciliarse con la traumática muerte de su amado, si no también con la muerte que dio a la persona que fue hace 15 años cuando entonces era heterosexual, iba a casarse y tenía un padre que lo aceptaba. En este viaje de vuelta a la vida, encuentra la ayuda de un ser humano con trisomía en el cromosoma 21, es decir, con Síndrome de Down. Se trata de su tierno y entrañable sobrino Vasco (Tomás Almeida) que tiene 17 años y unas ganas de vivir que hacen despertarse a Ricardo. A veces la “diferencia”, tal y como demuestra este personaje en su forma de encarar el mundo, puede ser salvadora.
Luis Filipe Rocha y Filipe Duarte, actor protagonista de la cinta, salieron tan emocionados de la sala como el resto de personas que allí nos encontrábamos. Espero unos minutos a que el público les felicite por su trabajo y me acerco. Los ojos de Rocha hablan de su vida, rozando la sesentena, son serenos, cándidos, casi líquidos. Los de Filipe de un marrón intenso y con un brillo deslumbrante que llegan a inquietar. Concertamos la cita en el hotel donde la organización del festival les hospeda, entre el bullicio del Prado de San Sebastián, donde se encuentra el Teatro Lope de Vega, y el emblemático Parque de María Luisa, zona de expansión y distensión para quienes necesitan oxígeno.
En la oscuridad se hace la luz y de un momento poco luminoso en la vida de Rocha, como fue la muerte de un amigo, surge este drama esperanzador en que aborda contrastes vitales: la soledad y la necesidad de amar, el egoísmo y el deseo de felicidad de un hijo. "Todos estamos solos con nuestro destino, nuestro pasado y nuestra circunstancia; de lo que se trata es de aprender a aceptar esa soledad. Es precisamente lo que ennoblece a estos personajes", y añade, "el egoísmo es intrínseco al ser humano, lo que algunos no hacen es combatirlo moralmente".
La señora de la limpieza recoge un papel de la alfombra azul justo en el momento en el que pasa la hermana de Woody Allen. La semana de cine europeo en Sevilla va llegando a su fin, pronto nos marcharemos a casa con el recuerdo de imágenes sobre campamentos de la guerra Tchechena, travestís portugueses, desiertos, castillos que quieren convertirse en Monasterios, piedras en silencio…Y ahora, a las doce en punto de este último día de festival, la de un BélaTarr que sale del coche de la organización tan lánguido, distinguido, triste y entrañable como sus películas.
En esta película, dirigida por Daniele Luchetti, se nos presenta la situación política de la Italia de los sesenta, en la que la crisis económica y la reciente caída del régimen de Mussolini hicieron que la población tomara visiones muy distintas que llevaron a numerosos enfrentamientos. Pero, a diferencia de otras producciones, aquí nos muestran la vida diaria de una familia del momento, con sus crisis personales, sus deseos y pasiones… en definitiva, con todos los ingredientes necesarios para que el espectador se sienta totalmente identificado con los personajes. Tampoco faltarán en este drama los momentos de humor, propiciados casi todos ellos por los ingenuos pensamientos del joven Accio y por su particular forma de hacerse notar en un mundo en el que parece haber llegado casi por casualidad. También sorprende los diferentes caminos por los que Manrico y Accio pretenden llegar al mismo punto, salvando las distancias, que es mejorar la propia situación familiar.
En este hogar dibujado por el cineasta ruso Alexander Sokurov, no existen el té ni las pastitas de la merienda, sino jóvenes de apenas veinte años que envueltos en polvo de desierto esperan a un enemigo que no tiene rostro.
El documental muestra entonces cómo con la llegada de estas nuevas personas en la vida de Mr. Vig empieza un viaje paralelo a la transformación del castillo, y es el viaje personal de darse cuenta de que quizás está tan comido de soledad y polvo como las paredes que ahora quiere convertir, y que por tanto si quiere abrir nuevas salas para un Monasterio también tendrá que abrir nuevos espacios en su vida para los demás, y para sí mismo. Mr. Vig en su hazaña nos recuerda un poco a ese Don Justo Gallego, a ese personaje famoso en España por estar construyendo desde hace décadas una Catedral en el Pueblo de Mejorada del Campo (Madrid) con basura, y que todos pudimos ver como ejemplo de superación en un anuncio de una bebida energética.